No es que esta exposición colectiva Pequeño Deseo (2012) constituya un hito dentro de los relatos historiográficos del arte contemporáneo, hablamos de una exposición benéfica como tantas otras en las que Casstillo había participado, pero sí nos abre las puertas a un contexto transcendente para comprender determinadas facetas de su obra, que rara vez aparecen en primer plano.
La pieza con la que colaboró en esta ocasión, uno de sus denominados «dibujos lorquianos», sí nos ofrece un punto de partida que nos permite abordar un aspecto mucho más íntimo de su trabajo, aquel que, en sus propias palabras, “tiene más que ver con la cuestión interior del ser humano”. Se trata de dibujos en los que pintura, poesía, símbolo y sensibilidad emocional confluyen en un mismo lenguaje creativo.
A lo largo de su trayectoria Castillo contribuyó altruistamente en numerosas iniciativas solidarias, que formaban parte natural de su compromiso personal con los más vulnerables, especialmente aquellas vinculadas a la infancia, al autismo o al SIDA. Realmente, Ricardo entendía la pintura no sólo como una forma de creación artística, sino también como un acto profundamente humano.
Ya hemos comentado en este blog que su sensibilidad hacia el dolor ajeno no era impostada, sino que nacía de una experiencia íntima y familiar que marcó profundamente su vida emocional hasta sus últimos días. Por eso, intervenir en aquella exposición organizada a favor de la Fundación Pequeño Deseo fue una muestra más de esa actitud constante.
La muestra solidaria, comisariada por Carmen Carmona, que se inauguró el 13 de junio de 2012 en el Real Alcázar de Sevilla, documentaba no solo la actividad artística de la ciudad, sino que retrataba muy bien el ecosistema social sevillano que solía movilizar este tipo de actos culturales y solidarios.
Integrado en los circuitos artísticos y sociales de la Sevilla contemporánea, Casstillo participaba en esta exposición junto a un grupo heterogéneo de artistas del panorama pictórico sevillano y andaluz, junto a artistas jóvenes y emergentes y a otros ya ampliamente reconocidos, como:
Manuel Salinas, Ricardo Suárez, Pepe Barragán, Clelia, Félix de Cárdenas, Concha Ybarra, Matías Sánchez, Juan F. Lacomba, Fernando Barrionuevo, Cristina Ybarra, Fernando Baños, Manolo Cuervo, Rovira y Romero, Manolo Castaño, Diego Coca, David López Panea, Pablo F. Puyol, Ricardo Cadenas, Patricia Ruiz, Marina D. Velázquez, Alfonso Buendía, Rafael Domenech, Marcos Fernández, Maribel Álvarez, Manuel Barahona, Aurora Romera, Cristina Lama, Diego Pérez Galindo, Bea Sánchez, Zenaida Pablo-Romero y Juan José López.
Hay que tener en cuenta que en Sevilla estos eventos funcionaban también como un importante espacio de encuentro de las élites culturales y económicas. Basta observar los nombres que aparecen fotografiados en el artículo del ABC del 15/06/2012 para confirmarlo: miembros de familias históricas sevillanas; aristocracia local; profesionales liberales de prestigio; empresarios; diseñadoras; cargos institucionales; y artistas consolidados del panorama andaluz.
La exposición se celebró en un momento especialmente delicado para la cultura de la ciudad. A los recortes presupuestarios, que afectaban a instituciones como el Teatro de la Maestranza o el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, se sumaban el abandono de proyectos estratégicos como el de Las Atarazanas, el deterioro de edificios patrimoniales como el Cuartel de Artillería y los impagos a entidades culturales, que, en algunos casos como en la Sala Fli, desembocaron en su cierre.
En este contexto, la muestra adquiría un valor que trascendía su finalidad benéfica. Por un lado, ofrecía una fotografía representativa del arte contemporáneo sevillano y andaluz de aquellos años; y por otro, proporcionaba un espacio de visibilidad a numerosos artistas en un momento en que las oportunidades expositivas se habían reducido considerablemente.
Ricardo participó con este pequeño «dibujo lorquiano» sin título, perteneciente una serie que desarrollaba desde finales de los años noventa, poblaba de figuras semitransparentes, flores, mariposas y pequeños insectos. Resulta significativo que eligiera precisamente una obra de este universo para una exposición organizada en favor de los niños de la Fundación Pequeño Deseo, porque la ternura y delicadeza que caracterizan estas imágenes armonizan con el espíritu de la iniciativa. Fuera o no una elección deliberada, existe una evidente coherencia entre la sensibilidad de la causa benéfica y una de las series más íntimas de toda su producción.
OTROS DIBUJOS LORQUIANOS DE 2012
Los «dibujos lorquianos» no constituyen una ruptura radical dentro de la trayectoria de Ricardo Casstillo, sino más bien una síntesis de elementos que ya estaban presentes en etapas anteriores de su obra. En su pintura mantuvo siempre un equilibrio entre materia y poesía, entre el impulso expresionista y la delicadeza lírica, claramente desarrollada en su serie Aljez colors de 1999, acompañada de una constante voluntad de expresar emociones, estados interiores y visiones subjetivas de la realidad por encima de su representación literal. Tanto en sus obras más abstractas como en las más figurativas persistía la necesidad de evocar atmósferas emocionales y fragmentos de memoria, como ocurre en la serie Cruces en el Camino de 1999. Muchos de estos personajes vuelven a aparecer en los «dibujos lorquianos» llevando esa expresión a un territorio más narrativo y simbólico, donde la figura humana reaparece transformada, quizás, en un signo poético.
Ya en el 2000 sintetizaba hasta el extremo el dibujo y el collage para representar al hombre y el deseo de libertad, la búsqueda de la belleza, el miedo o la esperanza de transformación.
Lo vemos también en 2002 homenajeando a Frida Kahlo y su convivencia con la pérdida del hijo, obra que formó parte de la exposición de El Puerto de las Artes, Huelva.
Así como entre 2003 y 2006 donde reutiliza el papel de envoltura para crear su serie de Mostachones lorquianos y su evolución hasta 2012 junto a otros dibujos que Ricardo nombraría como «dibujos metafísicos».
Además, resulta particularmente expresiva la convivencia entre técnicas y registros distintos: dibujo lineal, manchas cromáticas, transparencias, grafismos y elementos casi abstractos. Esa superposición de capas genera una escritura híbrida donde el dibujo no se limita a representar, sino que construye ritmo, silencios y sugerencias, del mismo modo que ocurre en un texto poético.
Introducen una fragilidad deliberada. El trazo se vuelve más leve y silencioso; las figuras parecen casi transparentes, suspendidas en espacios ambiguos donde conviven naturaleza, sueño e imaginación. Son dibujos más contenidos, concebidos para transmitir una emoción tranquila a la vez que sutilmente inquietante, como los dibujos sencillos de Federico García Lorca, que transmiten algo intimo o personal, pero lo hacen a través de la imagen en lugar de las palabras.
También se advierte una creciente presencia de lo literario, entendiendo aquí el adjetivo «lorquiano» no como cita, homenaje o ilustración, sino como una atmósfera simbólica. Incansable lector del poeta granadino, Ricardo incorpora a estas obras un universo poblado de flores desmesuradas, pequeños animales y desnudas siluetas que remiten a ciertos temas asociados a Lorca —el deseo, la inocencia, la muerte, la fecundidad, el destino, la infancia, la sexualidad, o las fuerzas ocultas de la naturaleza—, aunque siempre reinterpretados desde su propia sensibilidad.
Son obras sencillas en las parece emerger un Ricardo más introspectivo, más cercano a la memoria, y a ciertas zonas de dolor.
En definitiva, podríamos decir que los «dibujos» funcionan casi como poemas visuales simbólicos y abiertos a múltiples interpretaciones, toda vez que la propia denominación de «lorquianos» sitúa estas piezas en un territorio híbrido donde la pintura conecta con la literatura.
EL PAISAJE ANDALUZ POR CAÑADAS, CORDELES Y VEREDAS 3ª CARPETA
El 29 de mayo de 2012, la Fundación Cruzcampo acogió la presentación de la tercera carpeta de esta colección de aguafuertes, editada por Luis Venegas, quien actuaba como promotor y empresario cultural. Su publicación suponía ya una apuesta arriesgada en un contexto marcado por los recortes, los cierres y el debilitamiento de la financiación pública. Aun así, el proyecto iniciado en 2010 seguía adelante gracias a la combinación de la voluntad editorial, el compromiso artístico y su inversión económica. En este proceso, Ricardo Casstillo –director y coordinador de la colección– desempeñó un papel esencial, ya que su implicación activa y su apoyo constante fueron determinantes para que Venegas continuara con una iniciativa que él también promocionaba, en un mercado además condicionado por el escaso desarrollo del coleccionismo en Sevilla.
En esta ocasión los grabados que se presentaban al público, acompañados como siempre por los textos de Andrés Luque Teruel, pertenecían a: Daniel Bilbao, actual decano de la Facultad de Bellas Artes; Paco Cuadrado, famoso grabador, considerado una figura clave del realismo social en España; Félix de Cárdenas, heredero de la tradición realista sevillana de la segunda mitad del siglo XX y famoso por sus «barcas»; y Rafael Zapatero, quien antes que pintor fue arquitecto y que, tras su paso por la abstracción, se entregó finalmente a la figuración.
Como comentaba Isabel Aguilar en el ABC del 31/05/2012: “En definitiva, se trata de cuatro formas «muy diferentes» de interpretar el paisaje andaluz; una carpeta que continúa el trabajo ya hecho por anteriores artistas como Magdalena Bachiller, Pedro Simón, Ricardo Casstillo y Antonio Sosa, que elaboraron la primera entrega, o Manuel Salinas, Curro González, Federico Guzmány Ruth Morán, que hicieron los grabados de la segunda”
El Paisaje Andaluz por Cañadas, Cordeles y Veredas contunió publicandose bajo los mismos criterios de calidad y compromiso con el arte contemporáneo en el año 2013, con la edición de la 4ª carpeta, como abordaremos en la próxima entrada.
Entre la delicadeza silenciosa de sus dibujos lorquianos y la perseverancia con la que promovió el coleccionismo de obra gráfica, 2012 muestra dos facetas complementarias de Ricardo Casstillo —la introspectiva y la pública— que continuaría desarrollando de manera constante a lo largo de los años venideros.
©Pepa Pineda Villarrubia. Sevilla, domingo 31 de mayo de 2026



