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2007 ANTROPOMETRÍAS. LA IMAGINACIÓN ATRAPADA y LAS MIRADAS DEL AGUA 

LA IMAGINACIÓN ATRAPADA

Sevilla en la primera década de los años 2000 vivía un momento intenso de programación artística, con múltiples exposiciones individuales y colectivas en galerías privadas y espacios culturales que impulsaban la escena contemporánea.

En este panorama artístico, semanas después de participar en el 75º aniversario de la II República Española, Ricardo Casstillo es convocado por la Galería La Caja China a la exposición colectiva La imaginación atrapada. Dos generaciones (1980–2000), que reunía obras de artistas pertenecientes a dos generaciones distintas.

Galería Begoña Malone, 2004. Madrid Ricardo Casstillo, Miguel Cabeza, Cristina Lama, Pedro Simón y Nuria Carrasco
Abrahan Lacalle, Pepe Barragán y Rafael Agredano

En ella participaron más de 40 pintores incluyendo nombres ahora muy conocidos del panorama sevillano de esa década, como Rafael Agredano, Pepe Barragán, Javier Buzón, Patricio Cabrera, Ricardo Casstillo, Ricardo Cadenas, Curro González, Abraham Lacalle o Antonio Sosa dentro de la generación de los 80, responsables de gran parte de la renovación pictórica sevillana, y un colectivo más joven que se afirmaba con lenguajes más frescos y múltiples como Rubén Guerrero, Cristina Lama, Matías Sánchez o Javier Parrilla entre los del milenio.

La muestra se inauguró el 9 de febrero de 2007 y se presentó como una colectiva de técnica y temática abierta, donde el dibujo y la pintura exploraban distintas sensibilidades generacionales del arte contemporáneo sevillano, que quedó documentada con un catálogo bajo ese mismo título.

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Javier Buzón, Curro González, Paco García y Carmen Carreño
Iniciarte, 2006 Simón Zabel, Chico López, Jesús Zurita, Cristina Garcés, Joaquín Peña Toro e Iván de la Torre

Casstillo aprovechó esta oportunidad para dar a conocer un par de obras de su nueva serie Antropometrías en la que se encontraba en pleno desarrollo.

Antropometría del sexo

Si la serie Extasisgrafías abordaba los estados alterados de la conciencia como una grafía visual del cerebro —el éxtasis entendido como huella mental y emocional—, en la nueva serie Antropometrías Casstillo concibe el cuerpo humano como territorio sensible y medible.  De hecho, el término remite a la medición del cuerpo humano, a su estudio como objeto científico, anatómico y cultural.

R. Casstillo, Antropometría del sexo I, 2007 técnica mixta sobre papel, 30 x 32,5 cm

Su contribución a la muestra La imaginación atrapada consistió precisamente en las dos obras tituladas Antropometría del sexo I y II. Las imágenes sexuales introducen una dimensión radicalmente corporal, que amplía la investigación previa sobre el éxtasis en la referida serie de Extasisgrafías. La nueva incorporación es el tratamiento del sexo como fenómeno neurobiológico, no solo corporal.

Las dos siluetas evocando la cópula, cubierta por un córtex cerebral del que emergen canales similares a los de un electroencefalograma, sugiere que el encuentro amoroso es una experiencia que acontece simultáneamente en el cuerpo y en la mente. Un erotismo que pasa por la conciencia, explorando una intimidad que trasciende el cuerpo. El sexo se representa como un estado alterado de conciencia donde el deseo y la emoción se hacen visibles.

R. Casstillo, Antropometría del sexo II, 2007 técnica mixta sobre papel, 29 x 34 cm

El placer, se convierte aquí en una conexión profunda más allá de lo físico. 

Así, Antropometrías no abandona el interés por los estados alterados del alma, sino que los sitúa en el hombre como unidad completa: cuerpo y conciencia inseparables.

"Pirovacío" y "Mujeres"

No resulta casual que Casstillo mantuviera siempre un profundo interés por la Antropología. Este interés, vinculado a su manifiesta preocupación por el ser humano y su mirada crítica sobre la sociedad, aparece en muchas de sus obras, especialmente en Pirovacío y Mujeres (2006). Es más, desde sus inicios ya se aprecia esa mirada amplia sobre el ser humano y sus construcciones simbólicas. En su línea de pensamiento, la reutilización de imágenes procedentes de obras anteriores expresa la necesidad de seguir profundizando en motivos visuales que, por su carga simbólica, le han impactado. Figuras como los peliqueiros o cigarrones del Entroido gallego aparecen así como arquetipos que Casstillo reinterpreta y desarrolla, entendidos como manifestaciones de una conciencia colectiva, en línea con el pensamiento de Carl Jung, del que fue lector y seguidor. La figura del peliqueiro (Laza) o cigarrón (Verin) llama la atención a Ricardo por su fuerza visual relacionada con un ritual que activa una identidad colectiva heredada.

Ricardo Casstillo, Antropometría I, técnica mixta sobre papel, 60 x 30cm 2006
Cigarrón, en el carnaval al inicio de la Cuaresma en Verin, o el peliqueiro en el de Laza. La máscara está formada por una careta de madera, pintada de colores llamativos, que se prolonga en una especie de mitra de metal con un motivo animal totémico (león, lobo, buey…) sobre fondo liso.

En su obra superpone un cerebro que funciona como un mapa simbólico del inconsciente colectivo, del que surgen canales de memoria que se expanden hacia el exterior y conectan distintos tiempos y culturas.

Ricardo Casstillo, Antropometría II, técnica mixta sobre papel, 60 x 30cm 2006

La presencia de figuras indígenas en un entorno urbano moderno, que ya utilizara para sus serigrafías de Poeta en Nueva York1 (2000), introduce un contraste entre tradición y modernidad, que sugiere que lo ancestral sigue operando como estructura de la conciencia contemporánea.

El peliqueiro, o el cigarrón no son solo una tradición gallega, sino una forma europea del mismo arquetipo que aparece en los chamanes y las máscaras africanas. En este punto Ricardo conecta con la obra de un artista clave de la segunda mitad del siglo XX, Joseph Beuys2, al que admiraba. Beuys se construye a sí mismo como chamán moderno, mediador entre naturaleza y sociedad y activador simbólico. Función similar cumple el peliqueiro como figura ritual, guardián del umbral y activador del inconsciente colectivo.

Máscara de Burkina Faso

En ambos casos, la máscara anula la identidad individual para dar paso a una figura que encarna autoridad, transgresión y continuidad cultural. En Antropometrías, Casstillo no las utiliza como formas exóticas o folclóricas, sino como signos de una antropología compartida, donde el arte reactiva un saber ancestral inscrito en el cuerpo y el gesto.

LAS MIRADAS DEL AGUA

La exposición Las miradas del agua se plantea como una ampliación necesaria del mapa de la pintura sevillana contemporánea, incorporando a artistas surgidos en las décadas de los sesenta y setenta junto a creadores de los ochenta y del nuevo milenio, proponiendo una visión de conjunto en la que distintas sensibilidades confluyen en un mismo lenguaje creativo de vanguardia.

 El 3 de diciembre de 2007, Emasesa Metropolitana inauguró una nueva sala de exposiciones en su sede histórica con esta muestra dentro de su programa Emasesa Cultural. El interés de la empresa no era otro que el de reforzar el compromiso que el Ayuntamiento mostraba por la difusión del arte contemporáneo sevillano.

Ricardo contribuyó con una de sus Extasisgrafías, que ya había sido colgada poco antes en la Galería Concha Pedrosa.

Ricardo Castillo, Éxtasis del agua, óleo, acrílico y pastel sobre tela, 66 x 81 cm, 2007

La exposición reunió obras de 22 pintores de distintas generaciones, unidas por el agua como tema común, abordado tanto desde la abstracción como desde la figuración.

Uno de los aspectos más destacados fue el encuentro entre distintas etapas creativas, –como ya ocurriera en la colectiva anterior– con los artistas sevillanos de los años ochenta como eje central. Artistas como Pepe Barragán, Javier Buzón, Patricio Cabrera, Ricardo Cadenas, Ricardo Casstillo, Alberto Donaire, Curro González, Rafael González Zapatero y Antonio Sosa fijaron en esa década una pintura abierta a la modernidad, integrando tradición, figuración, abstracción y nuevos lenguajes contemporáneos.

Junto a ellos, la exposición se abría a generaciones anteriores, representadas por Joaquín Sáenz, referente del realismo lírico, y Manuel Salinas, figura clave de la renovación abstracta en Andalucía. Este recorrido se ampliaba, además, con la presencia de Concha Ybarra, cuya trayectoria se consolidaba a finales de los años noventa. Aunque nacida en fechas próximas a los pintores de los 80, su vocación tardía y su incorporación profesional a la pintura en los años 90 la sitúan fuera de esa generación, dentro de una figuración intimista propia del cambio de siglo.

El paso generacional se proyectaba hacia el presente con artistas más jóvenes, como Rubén Guerrero, Matías Sánchez o Cristina Lama, que reinterpretaban ese legado desde unos planteamientos totalmente contemporáneos.

En definitiva, dentro del arte contemporáneo, las obras que Ricardo viene desarrollando desde el año 2006, sobre las que estampa el que será su sello distintivo del córtex cerebral, pueden entenderse como un paso hacia la integración de la neurociencia en la búsqueda estética de las emociones humanas. Y como una ampliación de la mirada del arte, tradicionalmente centrada en el cuerpo o el gesto, para dirigirla hacia el cerebro, entendido como el espacio en el que se construyen y transforman las emociones, el deseo y la conciencia.

NOTAS:

  1. https://ricardocasstillo.com/2000-pintor-y-poeta-en-nueva-york/
  2. «El chamán Joseph Beuys: del ritual alquímico al cristianismo», Liño 14. Revista anual de Historia del Arte, 2008.

Pepa PinedaVillarrubia, Sevilla. Lunes 26 de enero de 2026

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