El 75. ⁰ aniversario de la proclamación de la II República Española (1931-1936) sirvió de marco para diversos actos y eventos en todo el país. Dicho aniversario llevó a la declaración del año 2006 como Año de la Memoria Histórica.
En este contexto, el Ayuntamiento de Sevilla quiso sumarse a la conmemoración con una exposición que reunía a 29 reconocidos artistas del panorama contemporáneo, todos vinculados a la ciudad, entre los que se encontraba Ricardo Casstillo.
Así, el 24 de noviembre, en los bajos del Paseo Marqués de Contadero, a orillas del río, se inauguró en la Sala Guadalquivir la muestra comisariada por José Ignacio Pérez Tapias.
La exposición , que reunía dos fotografías, dos esculturas, una composición digital y 24 dibujos y pinturas realizadas expresamente para la ocasión, incluía obras de artistas que, como Horacio Hermoso Mellado y Paco Cuadrado, conocieron directamente la II República y la represión de la posguerra. Hermoso Araújo, por ejemplo, rendía homenaje a su abuelo Horacio Hermoso Araujo, último alcalde republicano de Sevilla, que murió fusilado al inicio de la Guerra Civil, mientras que Cuadrado había estado encarcelado durante la dictadura.
EL CATÁLOGO
Con motivo de este aniversario, y como memoria de las obras expuestas, se publicó un catálogo que abría sus páginas con un homenaje a aquel proyecto republicano y a sus ideales de libertad y justicia: el artículo 1 de la Constitución de la II República Española, aprobada el 9 de diciembre de 1931.
España es una República democrática de trabajadores de toda clase,
que se organiza en régimen de Libertad y Justicia.
Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.
La República constituye el Estado integral, compatible con
la autonomía de los Municipios y las Regiones.
La bandera de la República española es roja, amarilla y morada.
Los encargados de los textos introductorios fueron, por una parte, el actual director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, poeta, ensayista y profesor de Literatura en la Universidad de Granada, conocido por su implicación en la defensa de la memoria histórica. Y, por otra, Juan Bosco Díaz Urmeneta, profesor de Estética de la Universidad de Sevilla, miembro de una generación de artistas y gestores culturales impulsores del arte contemporáneo con un enfoque crítico hacia la historia y la política.
García Montero comienza destacando cómo la defensa de la educación (7.000 nuevas escuelas públicas), la libertad (acceso al voto para la mujer), la modernización social, el compromiso intelectual frente al atraso (descenso de la tasa de analfabetos) y una mayor difusión de la cultura fueron valores esenciales para renovar el Estado y afirmar la dignidad ciudadana en la II República: “Desde la Institución Libre de Enseñanza hasta los escritores formados en su espíritu —como Machado, Lorca o Juan Ramón Jiménez—, la cultura republicana se entendió como una herramienta de progreso, justicia social y emancipación”.
Por su parte, Díaz Urmeneta analiza cómo los artistas participantes reinterpretan ese legado desde distintos enfoques: “la memoria de lo que pudo ser y no fue, la esperanza frustrada”. Subraya que las obras no son simples evocaciones nostálgicas, sino reflexiones visuales sobre la actualidad de aquellos valores republicanos. En este contexto, comenta que “Ricardo Castillo elige el territorio de la amarga ironía con El Ring de la Memoria que nos evoca el perpetuo enfrentamiento de las dos Españas”.
Junto a Casstillo, Horacio Hermoso y Paco Cuadrado, también formaron parte de esta exposición: Juan José Fuentes, Concha Ybarra, Rafael Enterría, José M. Pereníguez, Federico Guzmán, Manolo Cuervo, Antonio Sosa, Patricio Cabrera, Cristina Lama, Matías Sánchez, Pedro Simón, José Manuel Pérez Tapias, Ricardo Cadenas, Abraham Lacalle, Magdalena Bachiller, Miki Leal, Jesús Algovi, Pedro G. Romero, Juan del Junco, Alberto Donaire, Vázquez de Sola, Manuela Bascón, Javier Buzón, Curro González, José Barragán y el fotógrafo Claudio del Campo.
LAS DOS ESPAÑAS: “El Ring de la Memoria” readymade
Durante su juventud, Ricardo y su hermano Carlos asistían junto a su padre a algunas reuniones clandestinas de la Confederación Nacional de Trabajadores. Allí vivían debates y encuentros con personas diversas, cultas y comprometidas con los derechos humanos y la libertad. Parte de esa gente hizo posible, años más tarde, que en este país tuviéramos democracia.
Por aquellos primeros años setenta, también, lo acompañaban a las manifestaciones del 1º de Mayo, donde la policía actuaba con contundencia. En una de ellas, todos los sindicalistas de CNT, CCOO y UGT –entre los que se encontraba su padre que era enlace sindical– fueron detenidos durante tres días en los calabozos de la tristemente famosa Comisaría de la Gavidia de Sevilla.
En ese contexto de compromiso y resistencia, Ricardo fue asimilando los valores de justicia social y libertad como principios de vida que siempre reflejaría en su pintura.
Por ello, la exposición realizada con motivo del 75.⁰ aniversario de la II República significó una oportunidad para expresar plásticamente todos aquellos ideales transmitidos por su padre.
Para la exposición presentó un readymade cargado con una fuerte crítica sobre la situación política de España. En él describe una reflexión profunda sobre nuestra historia reciente, especialmente la de los años de posguerra, y los distintos símbolos de la cultura y la tradición española que se entrelazan con la memoria colectiva y los conflictos sociales y políticos del país.
Nuevamente las obras de Casstillo se nutren de la Historia del Arte con mayúsculas y en este proyecto trabaja en su proceso creativo con la imagen de una de las pinturas negras de Goya: “Duelo a garrotazos” o “Dos forasteros”, “Dos hombres riñendo a garrotazos” o “Riña a garrotazos”.
El significado de este cuadro de Goya es simbólico: representa la lucha fratricida y la violencia de la sociedad española de su tiempo interpretada, a menudo, como el enfrentamiento entre las dos Españas (la liberal y la absolutista) o como una denuncia a la violencia sin sentido y la incultura.
El readymade de Castillo, titulado El Ring de la Memoria, surge del eco de Duelo a garrotazos de Francisco de Goya, una escena de tierra y furia masculina. Recoge esa discordia y la traslada al presente en un gesto moderno y lúdico: levanta un ring donde la memoria se bate a duelo a través de dos púgiles del color de un resistente acero, en medio de una España encorsetada, repleta de objetos kitsch (un cuento de Calleja, unas castañuelas con cordones de nylon fluorescentes, una trampa de ratones de madera, un rodamiento de acero, un botijo de barro, La “Moreneta”, La Virgen del Pilar, un mechero de yesca, un nazareno o un torero con su capote, entre otros muchos) y símbolos de una cultura popular que conserva la carga de un pasado sin resolver.
La obra se convierte, así en una arena donde el pasado y el presente siguen midiendo sus fuerzas y repitiendo el combate interminable de un país que aún busca reconciliarse, e invita al espectador a reflexionar sobre los conflictos presentes en la sociedad, la violencia, las tradiciones y cómo los objetos pueden mantener la memoria. Es, además, una obra que conecta con la idea de las dos Españas, de la fractura entre tradición y progreso, fe y razón, poder y libertad, que no solo pintó Goya, sino que también atraviesa toda la poesía española del siglo XX.
En Poeta en Nueva York y en sus conferencias, por ejemplo, Lorca expresó su dolor por la España dividida y trágica, como se desprende de este verso en prosa de la conferencia “Degas, Dalí y la Poesía” (1936):
“En España, los muertos están más vivos que los muertos de cualquier país del mundo.”
Ya en plena dictadura franquista, Blas de Otero (máximo representante de la poesía social de posguerra) retoma el tema con un tono existencial y combativo en “Pido la paz y la palabra “(1955):
“España, escucha, / el hijo no nacido te reclama. / Que todos los hombres te amen / y tú los ames a todos.”
Jaime Gil de Biedma (poeta de la generación del 50), aborda en su poema “Apología y petición” la culpa colectiva y la herencia de esa división histórica, con una mirada crítica e irónica hacia las contradicciones de la España del franquismo:
“Yo nací —perdonadme— /en la edad de la pérgola y el tenis. /—Después de una guerra con epidemia de tristeza—”
Si hubiera que recordar algún poema que dialogue claramente con el simbolismo del Duelo a garrotazos de Goya, es sin duda el poema LIII de sección “Proverbios y Cantares” del libro Campos de Castilla (1912) de Antonio Machado, con un profundo sentimiento de dolor y preocupación por nuestro destino; un poema que se acercó a un público mucho más amplio, gracias a la labor de recuperación de grandes poetas que hiciera el cantante Joan Manuel Serrat.
En su disco Dedicado a Antonio Machado Poeta, Serrat renombró el poema de Machado con el título de “Españolito”:
Composición de la obra
Si analizamos la estructura de El ring de la Memoria, la obra se organiza en dos partes claramente diferenciadas:
La parte superior, donde dos figuras metálicas de boxeadores se enfrentan, evocando una lucha física, directa y llena de tensión entre las dos Españas.
La parte inferior, una vitrina llena de objetos (1) y figuras que recopiló en las tiendas de souvenirs y el histórico mercadillo “El Jueves”, aparentemente desordenados, que evocan fragmentos de la cultura española tradicional, la memoria histórica.
Es decir, la obra conmemora este 75.⁰ aniversario a través de una crítica composición que invita a identificar un repertorio de llaveros, imanes, sellos, y objetos decorativos de nuestro pasado más personal y a reflexionar sobre el choque entre dos visiones antagónicas de nuestra España.
LOS READYMADES DE CASSTILLO
Si bien este fue el único readymade que Casstillo exhibió al público antes de su muerte, contaba en su estudio con todo un repertorio de otras pequeñas obras que nunca sacó a la luz. Sin embargo, como fiel heredero de las vanguardias de principios del s. XX (Man Ray o Marcel Duchamp) trabajaba algunas piezas con objetos encontrados y elementos cotidianos, que usaba en lugar de lienzos, pinceles o pintura, alejándose deliberadamente de la tradición pictórica, y partiendo del principio de readymade, en el que lo que importa ya no es la ejecución técnica, sino el concepto y el gesto artístico. Es decir, objetos que pasaron a ocupar el lugar de los materiales pictóricos convencionales, con los que denunciaba o expresaba ciertos sentimientos e ideas, sin la intención de ser mostrados en exposición alguna.
Esta entrada nos brinda la oportunidad de mostrar públicamente algunos de esos readymades que estuvieron olvidados en su estudio, hasta que Fernando Martín Martín, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, les dio el valor artístico que merecían y decidió mostrarlos en la exposición antológica que comisarió en 2023, Homenaje a Casstillo que trataremos en próximas entradas:
En definitiva, Ricardo Casstillo, a comienzos del siglo XXI, se hace eco del pasado y lo reinterpreta mediante el gesto conceptual del readymade. Consigue que El Ring de la Memoria, en la conmemoración del 75.⁰ aniversario de la II República, se convierta en una pieza de reflexión política más allá de la pura experimentación estética, y deja evidencia del compromiso ideológico y ético heredado de su entorno familiar.
Pepa Pineda Villarrubia, Sevilla a lunes 27 de octubre de 2025



